Tremens factus sum ego et timeo,
dum discussio venerit
atque ventura ira.
Viaje, bendito...
Viaje, hereje...
una señal al pensamiento,
contribuye a este letargo
que es ofertorio de las olas,
un vaivén que enciende
cirios entre la profecía.
compongo sinfonía desnuda,
los renglones vienen lentos
ocupando espacio de memorias
fragmentadas por tus recuerdos,
al morir mis fantasías.
que es el universo sin control,
los que tañen para la conversión
se hayan lejos del mar gris,
es entonces preciso contener
este aliento que verbaliza.
Eco, mi muerte...
más allá de este infinito azul,
de mi viaje sin retorno,
de esta ignorancia del sino,
sobre la locura del verso
que a este muro trasgrede.
de este navío sin velamen,
impúlsate de entre libertad
hacía la costa en que salvaje
he mantenido a la razón,
cuyo mundo es de apariencias.
llegando a oídos de los bardos,
que extiendan estas voces
y las retumben ante el sol,
que hoy se firme mi epitafio
ante la amarga lápida de cristal.
Sable, mí herida...
viaja junto al son de Réquiem
que compongo para este viaje,
el rencor de mi sangre brota
coagulada por la inercia
de seguir en el frente inactivo.
quien compartes complemento,
observa estos versos desgastados,
vienen a mal traer desde el mar
en que ahogado varó mi espíritu
frente a
contra compromiso no voy,
júzgame por mis actos,
pues no por tus creencias,
llámalo simple disgusto,
jamás nunca ignominia.
calamitatis et miseriæ,
dies magna et amara valde.
